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Boda maja. Boda de majos. Yago y Teresa.

Muy nuestra esta expresión. Utilizar majo y maja no solo para describir personas. A veces lo utilizamos para objetos, para comida o para situaciones. En esta entrada me voy a centrar en lo que viene a ser una persona. Majo o maja. En este caso, ambos. Lo que escribiré a continuación suena a frase hecha. Y suele serlo. Sobre todo en el mundo de las bodas. Pero no en esta ocasión. La frase es la siguiente: “No se me olvidará nunca el día que conocí a… (poner a continuación los nombres que se desee)”. Yo coloco a Teresa y a Yago.
Al minuto de conversación habían pasado sesenta segundos. Obvio. Es tontería decirlo. Soy consciente. Pero me apetecía decirlo. Bastó esa fracción de tiempo para darme cuenta de que quería hacer esa boda. La cara de buena persona de Yago delata lo que hay dentro. Un pedazo de pan. Pero no del de gasolinera. No. De ese de masa madre. Rico, rico. Una gozada de muchacho. Vamos. Lo que dice el encabezado. Majo. Majete. Así suena mas cariñoso.
También tengo para Teresa. Deberíais conocer su sonrisa. Tendría que obligarse por ley. Si, claro. Cuando sonríe se le ven un montón de dientes. Como a casi todos. Enhorabuena a su dentista. O no. No creo que tenga. Y si lo tiene, millonario no se hará. Con Teresa, no. La sonrisa de Teresa es para enmarcar. Esta frase a continuación es para poder poner un enlace Gorraiz, que viene bien para la SEO. Su sonrisa era capaz de iluminar todo el Castillo de Gorraiz. Que cuqui me ha quedado ¿no?
Y de simpatía va sobrada. Vamos, que lo de maja le encaja a la perfección. Majísima.
Es lo que tiene ser majos. Y guapos. Todo hay que decirlo. A ver si ibais a pensar que digo que son solo majos. Pues no. También son guapos. Muy.
Resumiendo. Encantado con la pareja. De esas que no se me han de olvidar. Que se quedan. Aquí. Adentro. Para siempre.
No se si ha quedado claro, si tenéis sesenta segundos os lo vuelvo a explicar en un minuto.