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¿Dónde me caso?¿Dónde hago mi boda?

¿Dónde me caso?¿Dónde hago mi boda? Pues si a esto tengo que responder yo, la llevamos clara. Por eso, los que lo decidieron en este caso fueron Álvaro y María. Mas que nada porque era su boda. Si hubiera sido la mía, no habrían tenido tanta capacidad de decisión. Pero era la suya.
Se decidieron por un lugar mágico, precioso, con historias y leyendas. San Miguel de Aralar. Un acierto. Y mas en pleno mes de agosto. Esa misma tarde, a eso de las 6, en Pamplona hacia tanto calor que las gallinas ponían los huevos ya fritos. A esa misma hora, en el santuario, las mismas gallinas ponían los huevos con rebequita. Si, la de las abuelas. No todo el mundo disponía de alguna. Los únicos afortunados, los padres de Rebeca.La pequeña Rebeca. Pero la peque no servía para abrigar.
El caso es que Álvaro y María acertaron en todo. El lugar de la ceremonia de diez. Y el restaurante, de diez también. Para que nadie se pique. El Hotel Alma Pamplona siempre es chulo. Pero, al atardecer, ese jardín es para verlo. Una puesta de sol de película. Mención aparte merece la música que pone Diego Izco durante el aperitivo. Música en vinilo de cuando el mundo era en blanco y negro, que curiosamente da mucho colorido al aperitivo. Si es que, cuando me pongo poético…
En resumen, boda ideal, con unos novios ideales. Y no es peloteo. Álvaro Y María. Qué majos, qué educados y qué agradables. A mi me han ganado. Por goleada. Para que Álvaro lo retransmita.