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Amigos de Otazu

Importantes ¿eh?. Los amigos, digo. Amigos y amigas. Que de todo tiene que haber en la viña del señor. Los hay de muchos tipos. Están los del tipo matemático. Esos que se pueden contar con los dedos de una mano. Pero hay muchos mas. Los que siempre están cuando los necesitas (los amigos medicinales). También están los amigos Guadiana (aparecen y desaparecen), los amigos de convenio ( si les conviene, son el adalid de la amistad) y/o los amigos Luis Suárez (están en las mas difíciles, pero fallan en las mas fáciles). Estos son algunos de ellos, pero hay muchos mas. Todo este rodeo para llegar hasta donde quería. Los amigos de Otazu. No se en qué grupo catalogarlos. En parte, porque realmente desconozco la ubicación amistosa de ellos. Y en parte porqué soy un maldito cobarde y temo meter la pata. No quiero que dejen de hablarme. Casi lo hicieron el día que les comenté que no me gusta el vino. Tal vez con un poco de gaseosa. Nunca olvidaré aquella mirada de rencor.
Bromas que no lo son tanto aparte, hablemos de Paz, de María, de Javi, de Juan y de todos y cada uno de los que boda tras boda encuentro en Otazu. Prometo que no tengo ninguna obligación para con ellos. Escribo lo que pienso. El personal, del primero al último son la amabilidad personificada. Siempre tienen buena cara (bueno, casi siempre, recordemos que no me gusta el vino… bueno, con gaseosa un poco). Son amables, atentos, educados, dispuestos a ayudar y a facilitarte las cosas. Y lo hablo desde el punto de vista de aquel que está trabajando. Se, a ciencia cierta, que con los invitados de las bodas actuan igual.
Te dan de comer, te traen un café, te prestan sus instalaciones para hacer lo que necesites. No me refiero a los servicios, que también. Me refiero a salas para editar por ejemplo. Se preocupan por ti. “¿Va todo bien”?” “¿Necesitas algo?” “¿Hambre o sed?” “¿De verdad que no te gusta el vino?”. Todos y cada uno de los componentes del equipo. Te hacen sentir uno mas de ellos. Y eso es mucho. Viendo todo lo que trabajan. Mira que es duro su trabajo. Pero ahí están, oye. Siempre sonriendo. Y no. No es que no tengan labios y eso les haga parecer que sonríen. Sonríen de verdad. Y yo, lo agradezco. Mucho. Hasta un dia me tomé una bebida rosa horrible para celebrar el fin de temporada con ellos y ellas. Con tal de que no fuese vino… aunque con un poco de gaseosa todo habría sido diferente.
Pues eso, un año de bodas en Otazu.

Otro dia hablo de las parejas, que tampoco va a quedar aquí la cosa. Majísimas todas.¿Imagináis que digo lo contrario? ¡¡¡Vaya liada!!!